El frío quema

frioNo quiso saberlo. No dio opción a la escucha. Su piel empezó a arder sin contemplaciones y cuando la curiosidad llegó a su punto álgido, miró de reojo.

Era demasiado tarde. Entonces supo que todo lo que se quema se convierte en cenizas. Cenizas que desaparecen con un leve hálito de suspiro. Cenizas que nunca volverán a encontrarse.

Pequeñas motas negras que tuvieron su esplendor, ahora formaban parte de lo olvidado, del pasado que ya no quería recordar.

Quema la piel. Pero no quema por el calor. No arde como al fuego le gusta arder, quema la piel por el frío. Un frío que el tiempo no cura, que hiela sentidos.

El pirómano incendia la piel gélida y la carboniza sin contemplaciones.

Así te sientes, aunque ignífugo creas ser.

Te preguntarás como sofocar las llamas heladas y te responderás a tí mismo.

Nada que se convierte en cenizas vuelve a ser igual.

Sí, el frío quema y tu con él.

 

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