Aita

-“¿Cómo va la pintura?”, mamá y yo leemos tu blog y estamos orgullosos”.

-“Bien, aquí poco a poco, gracias aita*( papá en euskera), estoy haciendo lo que me gusta y estoy muy contento”.

Sólo hacen falta unas pocas palabras escuchadas desde la distancia para que el corazón se llene de alegría para a continuación sentirte orgulloso de los que están siempre a tu lado y darte cuenta de lo mucho que te quieren. Qué sensación tan reconfortante.

Recuerdo cuando siendo a penas un niño de unos 5 o 6 años, mi padre me compró una bicicleta.  Aún recuerdo la sensación. ¡Mi primera bici…! Aunque yo no sabía andar en ella y eso me cabreó un poco.

-“Aita, pero yo no sé andar en bici, ¡me voy a caer!

“No te preocupes hijo, le pondremos las ruedas pequeñas en la parte de atrás y así no te caeras”.

Cómo no. Sólo tú podías hacerlo. Convertir una triste sensación en todo un espectáculo de alegría y disfrute. Me bajaste a la calle, me subiste en la bici y sonreí.

Tengo grabado en mi memoria cómo me pasé toda la tarde calle arriba y abajo, orgulloso con mi bicicleta, horas y horas incansable, ni siquiera me baje para jugar con mis amigos. Todo el mundo me decía que tenia una bici muy bonita y que se me veía muy contento.

¡Claro que estaba contento! ¡Mi padre me había regalado una bicicleta! ¿Qué niño no lo estaría?

Gracias Papá. Tu eres un pilar fundamental en mi vida. Quizá en la adolescencia no he sabido valorarte, pero hace años que me dí cuenta lo grande que eres.

Siempre pendiente de mi hermano y de mí.

Tambien de mamá y de toda la familia.

Has sabido salir adelante con todos los golpes que te ha dado la vida, porque siempre pensabas en nosotros y eso te hacía continuar.

Has luchado por tus derechos y por los nuestros, arriesgando a veces hasta tu propia vida.

No te ha importado madrugar para llevarme al colegio o para ir a arreglarme papeles de un lado para otro.

Has tenido kilos de paciencia para enseñarme a escribir mejor aunque pretestara sin parar.

No has dudado a la hora de ayudarme, aconsejarme o apoyarme, siempre al pie del cañon. 

A tí te debo mi primera bici, mi primer patín, mi primera mountain bike, mi primera clase de conducir, mi primer coche. Aunque lo más importante es que tú has sido mi principal motor y el espejo donde reflejarme. Gracias a tí hoy soy lo que soy porque me has sabido valorar y confiar en mí y me has transmitido todos esos valores.

Te debo tantas y tantas cosas… que creo que me faltaría una vida entera para agradecertelo. Puedes sentirte orgulloso de ser una buena persona y mejor padre y de haber cuidado de tu familia.

Por eso quiero dedicarte este color, que representa cómo me has ido guiando en la vida.                 Por eso quiero decirte que te quiero mucho y que todo el mundo se entere  ¡¡TU ERES EL MEJOR PADRE DEL MUNDO!!

Aita. Acrílico sobre lienzo. 120x80. 2011

Aita. Acrílico sobre lienzo. 120×80. 2011

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